Nunca una generación había acumulado tantos años de educación. Sin embargo, nunca había sido tan común escuchar la misma queja: trabajar más, estudiar más y sentir que se posee menos que los padres a la misma edad.
Los jóvenes de hoy son, en promedio, la generación más educada de la historia. Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), la proporción de adultos jóvenes con educación superior se ha duplicado en numerosos países desarrollados durante las últimas tres décadas. Sin embargo, ese avance académico no se ha traducido necesariamente en una mayor acumulación de riqueza.
De acuerdo con Reuters, el aumento de los precios de la vivienda y el encarecimiento del crédito se han convertido en algunos de los principales obstáculos para la construcción de patrimonio entre los menores de 40 años. Mientras generaciones anteriores accedieron a viviendas relativamente asequibles, muchos jóvenes enfrentan hoy precios que crecen más rápido que sus ingresos.
Los números reflejan el cambio. Según datos de Eurostat, los precios de la vivienda en la Unión Europea aumentaron cerca del 50% entre 2015 y 2024. En Estados Unidos, datos de la Reserva Federal y de la Asociación Nacional de Agentes Inmobiliarios muestran que el precio medio de una vivienda supera ampliamente el crecimiento acumulado de los salarios durante las últimas dos décadas.
La consecuencia es que millones de jóvenes están retrasando decisiones económicas que antes eran consideradas normales. Comprar una vivienda, formar una familia o acumular activos financieros se ha vuelto más difícil incluso para trabajadores con estudios universitarios y empleo estable.
La brecha patrimonial también es visible en los datos. Según la OCDE, las generaciones nacidas después de 1980 poseen una menor proporción de riqueza nacional a la misma edad que tuvieron sus padres y abuelos. Mientras tanto, los activos inmobiliarios y financieros acumulados por generaciones anteriores continúan apreciándose.
El fenómeno va más allá de la vivienda. El costo de la educación, la inflación, el aumento de los alquileres y el peso de algunas deudas han reducido la capacidad de ahorro de una parte importante de la población joven. De acuerdo con la Reserva Federal, millones de estadounidenses tendrían dificultades para afrontar gastos inesperados sin recurrir a crédito o endeudamiento.
Los economistas advierten que no se trata únicamente de una cuestión de ingresos. También influye el precio de los activos. Cuando el valor de las viviendas, las acciones y otros bienes crece más rápido que los salarios, quienes ya poseen patrimonio aumentan su riqueza más rápidamente que quienes intentan construirla desde cero.
La paradoja es evidente. Nunca una generación había acumulado tantos años de educación, acceso a tecnología e información. Sin embargo, para muchos jóvenes, alcanzar el nivel de vida de sus padres parece una meta más lejana que para las generaciones anteriores.
La pregunta que emerge es tan simple como inquietante: si la educación era el camino hacia la prosperidad, ¿por qué tantas personas sienten que trabajan más, estudian más y poseen menos?

