El mercado del oro sigue viviendo uno de los ciclos alcistas más intensos de las últimas décadas. Después de romper récords históricos en 2024, la demanda mundial de oro continuó acelerándose durante 2025 y el inicio de 2026, impulsada por compras masivas de bancos centrales, tensiones geopolíticas y el creciente temor global a una fragmentación financiera internacional.
De acuerdo con el más reciente informe del World Gold Council, la demanda total de oro superó las 5,000 toneladas en 2025 por primera vez en la historia, consolidando dos años consecutivos de máximos históricos.
El motor principal sigue siendo el mismo: los bancos centrales.
Las autoridades monetarias compraron 863 toneladas de oro durante 2025, después de haber superado las 1,000 toneladas anuales entre 2022 y 2024. Aunque el ritmo disminuyó ligeramente frente a años anteriores, la demanda continúa muy por encima de los promedios históricos.
Países como China, Polonia, India y Turquia siguen acumulando reservas de oro como estrategia para reducir dependencia del dólar y protegerse frente a riesgos geopolíticos. De acuerdo con Reuters, la desdolarización parcial del sistema financiero internacional y la creciente desconfianza hacia activos occidentales continúan fortaleciendo la demanda institucional de oro.
El precio también mantiene una tendencia explosiva.
Tras alcanzar múltiples récords en 2024, el oro volvió a marcar máximos históricos durante 2025 y principios de 2026. El Consejo Mundial del Oro reportó que el metal precioso registró 53 nuevos máximos históricos en 2025, mientras el valor total del mercado global alcanzó un récord de US$555 mil millones.
La inversión financiera fue otro factor decisivo.
Los ETFs respaldados por oro registraron entradas masivas durante 2025, sumando alrededor de 801 toneladas, uno de los niveles más altos jamás registrados. La compra de lingotes y monedas también alcanzó máximos de 12 años, impulsada por inversionistas que buscan refugio frente a inflación, tensiones militares y volatilidad bursátil.
Sin embargo, el alto precio comenzó a afectar el consumo tradicional.
La demanda de joyería cayó fuertemente en Asia, especialmente en China e India, donde consumidores redujeron compras debido al encarecimiento del metal. De acuerdo con Reuters, las importaciones y ventas minoristas de joyería se desaceleraron incluso en mercados históricamente dominantes.
Aun así, el apetito global por el oro sigue intacto.
El metal se benefició además de nuevos factores estructurales: la guerra en Medio Oriente, la tensión entre China y Taiwán, el debilitamiento fiscal estadounidense y la incertidumbre política internacional.
Incluso el sector tecnológico continúa aumentando su demanda. El uso de oro en inteligencia artificial, semiconductores y electrónica avanzada sigue creciendo de forma sostenida, según el World Gold Council.
Ahora la gran pregunta del mercado es hasta dónde puede llegar el rally.

