Desde la llegada de Gustavo Petro a la presidencia, Colombia cambió radicalmente su política energética. El Gobierno decidió frenar la firma de nuevos contratos de exploración de petróleo y gas, limitar proyectos de fracking y acelerar una transición hacia energías renovables, argumentando razones ambientales y climáticas.
Uno de los casos más representativos ocurrió cuando Petro ordenó a Ecopetrol cancelar la ampliación de un acuerdo conjunto con Occidental Petroleum en el Permian Basin, en Estados Unidos. Ese proyecto podía aportar cerca de 90.000 barriles diarios de producción y requería inversiones superiores a los 880 millones de dólares. Petro justificó la decisión afirmando que el proyecto estaba relacionado con técnicas de fracking, práctica a la que se opone abiertamente por sus impactos ambientales.
El presidente ha insistido en que Colombia debe reducir su dependencia de los combustibles fósiles y orientar las inversiones hacia energías limpias. Bajo esa estrategia, Ecopetrol ha incrementado su participación en proyectos de transmisión eléctrica, hidrógeno, energías renovables y descarbonización.
Sin embargo, la transición energética ha coincidido con una caída progresiva en las reservas y producción nacional de gas natural. Distintos informes del sector advierten que las reservas colombianas vienen disminuyendo desde hace más de una década y que el país enfrenta un déficit estructural de gas desde 2026 si no aumenta la producción o las importaciones.
Ante este escenario, el Gobierno comenzó a impulsar la importación de gas natural, especialmente desde Venezuela. Petro confirmó públicamente en 2026 que Colombia buscará traer gas venezolano por considerarlo “muchísimo más barato”.
Al mismo tiempo, Colombia también avanza en proyectos para importar gas licuado (GNL) a través de nuevas plantas de regasificación en el Pacífico y el Caribe. Ecopetrol anunció contratos e infraestructura para garantizar abastecimiento desde 2026 mediante gas importado.
Otro factor que ha aumentado la presión energética es el fenómeno de El Niño. Como Colombia depende en gran parte de la generación hidroeléctrica, las sequías reducen la capacidad de producción eléctrica y obligan a utilizar más gas para generar energía.
Mientras tanto, varios sectores económicos y analistas han advertido que la reducción de exploración nacional podría afectar la autosuficiencia energética, elevar los costos del gas y aumentar la dependencia de las importaciones. Ecopetrol también ha enfrentado una caída en utilidades durante los últimos años, influida por menores precios internacionales, mayor carga tributaria y reducción en producción
