China enfrenta el mayor desafío energético de la última década. La guerra en Irán, las restricciones en el estrecho de Ormuz y la presión geopolítica de Estados Unidos han alterado el mapa petrolero global. La gran pregunta es si Pekín todavía tiene proveedores suficientes o si ya comenzó a consumir sus enormes reservas estratégicas.
La respuesta es ambas cosas.
China continúa comprando petróleo, pero mucho menos que antes, y simultáneamente está utilizando parte de sus inventarios acumulados durante los últimos años.
De acuerdo con Reuters, las importaciones chinas de crudo cayeron cerca de 20% interanual en abril de 2026, el nivel más bajo desde 2022. La razón principal fue el colapso parcial de los flujos provenientes de Medio Oriente tras la crisis alrededor de Irán y el estrecho de Ormuz.
Durante años, China dependió de cuatro grandes fuentes: Irán, Venezuela, Arabia Saudita, Rusia y otros productores del Golfo Pérsico. Pero hoy cada una presenta problemas distintos.
Irán sigue enviando petróleo a China, aunque con enormes dificultades logísticas y bajo creciente presión estadounidense. De acuerdo con The Wall Street Journal, aproximadamente el 90% del petróleo exportado por Irán termina todavía en China, principalmente a través de refinerías independientes conocidas como teapots.
Sin embargo, los riesgos crecieron drásticamente. El transporte marítimo se volvió más costoso y vulnerable después de las tensiones militares en Ormuz. Incluso algunas cargas iraníes están siendo desviadas por rutas terrestres y ferroviarias hacia Asia Central para evitar bloqueos marítimos, según reportó New York Post.
Arabia Saudita y los países del Golfo tampoco pueden cubrir completamente el déficit. Aunque siguen exportando, la interrupción parcial del estrecho de Ormuz afecta directamente la salida de millones de barriles diarios. Según ABC News Australia, cerca del 50% del petróleo importado por China depende de esa ruta marítima.
Rusia, mientras tanto, continúa siendo un proveedor importante, pero ya no puede expandir fácilmente sus envíos. Las limitaciones de infraestructura, sanciones occidentales y problemas logísticos reducen el margen de crecimiento. Además, Pekín intenta evitar una dependencia excesiva de Moscú en plena rivalidad estratégica con Washington.
Ahí entra el verdadero escudo chino: las reservas.
China pasó los últimos años acumulando petróleo de manera agresiva. De acuerdo con la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA), el país posee actualmente las mayores reservas estratégicas del mundo, superiores incluso a las estadounidenses.
Algunas estimaciones sitúan esas reservas entre 1.1 y 1.5 mil millones de barriles. Reuters afirma que Pekín comenzó a utilizar parte de esos inventarios para estabilizar el mercado interno y reducir la necesidad inmediata de importaciones.
Eso explica por qué China ha reducido compras internacionales sin sufrir todavía una crisis energética severa.
También está ocurriendo otro cambio silencioso
China explora aumentar compras desde Estados Unidos y América Latina. De acuerdo con Reuters, durante la reciente reunión entre Donald Trump y Xi Jinping, funcionarios chinos mostraron interés en incrementar importaciones de petróleo estadounidense para disminuir la dependencia de Medio Oriente.

