Donald Trump volvió a utilizar una de sus herramientas favoritas de negociación: los grandes anuncios industriales. El presidente estadounidense aseguró ayer que China acordó comprar alrededor de 200 aviones de la estadounidense Boeing, en lo que describió como una señal de distensión en la relación económica entre Washington y Pekín.
La declaración llega en un momento clave para ambas economías. Estados Unidos busca reducir tensiones comerciales con China mientras intenta reactivar su sector manufacturero y disminuir el déficit bilateral. Para Pekín, el acuerdo representa una forma relativamente barata de estabilizar la relación con la Casa Blanca sin realizar concesiones estructurales más profundas.
De acuerdo con Reuters, Trump afirmó durante un evento económico en Washington que las compras formarían parte de un entendimiento comercial más amplio discutido recientemente con el presidente chino Xi Jinping. (reuters.com)
Aunque la Casa Blanca no publicó detalles oficiales del supuesto acuerdo, el mercado reaccionó de inmediato. Las acciones de Boeing subieron tras las declaraciones, impulsadas por la posibilidad de recuperar parte del mercado chino, uno de los más importantes del mundo para la aviación comercial.
China representa aproximadamente el 20% de la demanda global futura de aeronaves, según estimaciones históricas de Boeing. Sin embargo, las tensiones entre Washington y Pekín, sumadas a los problemas de seguridad del 737 MAX y la competencia creciente de Airbus, habían reducido drásticamente las órdenes chinas en los últimos años.
De acuerdo con Bloomberg, varias aerolíneas estatales chinas habían congelado nuevas compras de Boeing desde el inicio de las disputas comerciales y tecnológicas entre ambos países. (bloomberg.com)
Ahora el panorama parece cambiar parcialmente.
Para Trump, el anuncio tiene un fuerte componente político interno. Boeing sigue siendo uno de los mayores exportadores estadounidenses y un símbolo industrial clave en estados estratégicos para las elecciones. Presentar una gran compra china permite a la Casa Blanca proyectar la idea de que su estrategia de presión económica está generando resultados concretos para la industria nacional.
Pero en Pekín el cálculo es distinto.
China necesita renovar parte de su flota aérea tras la recuperación acelerada del turismo y los vuelos domésticos. Además, la capacidad de Airbus para absorber toda la demanda china es limitada en el corto plazo. Analistas consideran que repartir pedidos entre Boeing y Airbus le permite a China mantener equilibrio político y mejores condiciones comerciales.
Sin embargo, todavía existen dudas importantes sobre el alcance real del anuncio.
Además, el contexto geopolítico sigue siendo frágil. Las disputas sobre tecnología, Taiwán, semiconductores e Irán continúan deteriorando la relación bilateral. Un acuerdo aeronáutico difícilmente elimina esas tensiones estructurales.
Aun así, el posible pedido tendría enorme relevancia para Boeing.
La compañía enfrenta retrasos de producción, presión regulatoria y una competencia creciente de Airbus y del fabricante chino COMAC. Recuperar pedidos chinos ayudaría a estabilizar ingresos y mejorar la confianza de inversionistas después de años turbulentos para el gigante aeroespacial.
Y en ese delicado equilibrio, Boeing podría convertirse nuevamente en la moneda diplomática favorita entre Washington y Pekín.

