El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, elevó la presión contra el gobierno cubano al asegurar que la actual crisis energética en la isla no es consecuencia de un “bloqueo petrolero” estadounidense, sino del fin de los envíos subsidiados de petróleo desde Venezuela.
Durante una rueda de prensa en la Casa Blanca, Rubio afirmó que durante años Cuba recibió petróleo prácticamente gratis de Caracas y utilizó parte de ese suministro para generar ingresos en efectivo.
“Cuba estaba acostumbrada a recibir petróleo gratis de Venezuela”, declaró Rubio. “Tomaban el 60% de ese petróleo y lo revendían por divisas”. De acuerdo con AFP y medios regionales, el funcionario aseguró que el verdadero problema es que Venezuela “ya no quiere seguir regalando petróleo a un régimen fallido”.
Las declaraciones llegan en medio de la peor crisis energética cubana en décadas. La isla enfrenta apagones masivos, escasez de combustible y una profunda paralización económica. En algunas regiones los cortes eléctricos superan las 15 horas diarias.
Rubio rechazó las acusaciones del gobierno cubano sobre un supuesto “bloqueo petrolero total” de Washington y responsabilizó directamente al modelo económico de La Habana.
“El único bloqueo que ha ocurrido es que los venezolanos decidieron dejar de regalarles petróleo”, insistió el secretario de Estado.
Durante más de dos décadas, Venezuela fue el principal sostén energético de Cuba. Bajo la alianza política impulsada por Hugo Chávez y Fidel Castro, Caracas enviaba crudo subsidiado a la isla a cambio de cooperación médica, inteligencia y apoyo político regional.
Ese esquema permitió a Cuba sostener parte de su sistema eléctrico y obtener liquidez revendiendo parte del combustible en mercados internacionales. Pero la caída de la producción petrolera venezolana y la crisis económica en Caracas terminaron debilitando ese modelo.
Ahora Washington intenta aprovechar esa vulnerabilidad.
De acuerdo con Bloomberg, Rubio afirmó que el petróleo venezolano representaba una de las principales fuentes indirectas de ingresos para el gobierno cubano.
La administración Trump además endureció las sanciones energéticas contra Cuba en los últimos meses. Estados Unidos amenazó con aranceles y sanciones secundarias a países y compañías que continúen suministrando petróleo a la isla.
Según reportes recientes de The Guardian y The Wall Street Journal, Cuba prácticamente agotó sus reservas de diésel y gasolina, mientras el sistema eléctrico opera en “estado crítico”.
La Habana sostiene que las sanciones estadounidenses agravaron dramáticamente la situación. El gobierno cubano acusa a Washington de impedir la llegada de combustible y de provocar una crisis humanitaria.
El secretario de Estado también atacó el modelo económico cubano, calificándolo como “ineficiente” y dependiente históricamente de subsidios externos, primero de la Unión Soviética y luego de Venezuela.
Mientras tanto, la situación social dentro de la isla continúa deteriorándose. Las interrupciones eléctricas afectan hospitales, transporte público, escuelas y telecomunicaciones, mientras aumentan las protestas en distintas ciudades cubanas.
Y en el centro del colapso vuelve a aparecer el mismo factor que durante años sostuvo la alianza entre La Habana y Caracas: el petróleo venezolano.

