La advertencia del presidente de EE.UU. eleva el riesgo geopolítico en Oriente Medio mientras el petróleo se acerca a los 95 dólares por barril.
La crisis entre Estados Unidos e Irán entró este jueves en una nueva fase de incertidumbre después de que el presidente Donald Trump advirtiera que las fuerzas estadounidenses atacarán a Irán “muy duramente esta noche” si no se alcanza un acuerdo para poner fin a la escalada militar en la región.
De acuerdo con Reuters, Trump afirmó que Washington está preparado para intensificar las operaciones militares contra objetivos iraníes tras varios días de enfrentamientos, incluidos ataques aéreos estadounidenses y represalias iraníes en torno al estratégico estrecho de Ormuz.
La amenaza llega en un momento especialmente delicado para los mercados globales. Según Reuters, el crudo Brent cotizó cerca de los 93,5 dólares por barril, mientras que el West Texas Intermediate (WTI) superó los 90 dólares, impulsados por el temor a interrupciones en el suministro energético mundial.
El principal foco de preocupación es el estrecho de Ormuz, por donde transita aproximadamente el 20% del comercio mundial de petróleo y gas. Irán ha amenazado con restringir el tráfico marítimo en la zona, una medida que podría afectar gravemente a los mercados energéticos internacionales.
Trump también elevó el tono al sugerir que Estados Unidos podría tomar el control de la isla iraní de Kharg, principal terminal de exportación petrolera del país. Antes del conflicto, cerca del 90% de las exportaciones de crudo iraní pasaban por esta infraestructura estratégica. Reuters informó que el mandatario considera la presión sobre el sector energético iraní como una herramienta clave para forzar concesiones diplomáticas.
La retórica se produce después de que el secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, confirmara que Washington planea nuevos bombardeos contra instalaciones consideradas críticas para las capacidades militares iraníes. Según Reuters, el Pentágono sostiene que Teherán desaprovechó múltiples oportunidades para alcanzar un acuerdo negociado.
Aunque las conversaciones indirectas entre ambos países continúan, las posiciones siguen alejadas. Irán exige alivio de sanciones económicas y acceso a fondos congelados en el extranjero, mientras que Washington insiste en limitar las capacidades nucleares iraníes y garantizar la libre navegación en Ormuz.
Los inversores observan con preocupación la posibilidad de una escalada que trascienda el ámbito militar. Un conflicto prolongado podría impulsar aún más los precios de la energía, aumentar las presiones inflacionarias y complicar las decisiones de política monetaria de los principales bancos centrales.
Por ahora, la gran incógnita es si las amenazas de Trump se traducirán en una ofensiva de mayor escala o si funcionarán como una herramienta de presión para reactivar las negociaciones. Lo que ya parece claro es que la crisis entre Washington y Teherán vuelve a convertirse en uno de los principales riesgos para la economía mundial en 2026.

