Desde que Donald Trump lanzó la primera ronda de aranceles contra China en 2018, la relación comercial entre las dos mayores economías del mundo ha atravesado uno de sus períodos más tensos en décadas.
Washington llegó a imponer gravámenes sobre más de US$360.000 millones en importaciones chinas, mientras Beijing respondió con aranceles sobre alrededor de US$110.000 millones en productos estadounidenses, según datos del Consejo de Relaciones Exteriores (CFR).
Aunque el comercio bilateral continuó creciendo en términos absolutos, las empresas se vieron obligadas a reorganizar cadenas de suministro, trasladar producción a países como México y Vietnam, y asumir mayores costos operativos.
El impacto fue significativo: la Reserva Federal de Nueva York estimó que los aranceles aplicados durante el primer mandato de Trump costaron a los hogares estadounidenses cerca de US$830 al año en precios más altos y menor eficiencia económica.
Al mismo tiempo, sectores estratégicos como los semiconductores, la inteligencia artificial y las telecomunicaciones se convirtieron en un nuevo frente de disputa, transformando lo que comenzó como una guerra comercial en una competencia económica y tecnológica de alcance global.
los acontecimientos de las últimas semanas sugieren un cambio de tono. La pregunta que ahora se hacen inversionistas, exportadores y gobiernos es si la guerra comercial iniciada por Donald Trump está entrando en una nueva fase o si simplemente atraviesa una tregua temporal.
Las señales de acercamiento son difíciles de ignorar. Tras la cumbre celebrada en Beijing entre Donald Trump y Xi Jinping en mayo, ambos gobiernos acordaron crear un nuevo mecanismo bilateral para negociar reducciones arancelarias y resolver disputas comerciales específicas.
Como parte de ese proceso, Washington y Beijing están estudiando eliminar o reducir aranceles sobre aproximadamente US$30.000 millones en bienes considerados no estratégicos. agropecuarios estadounidenses.
Beijing también señaló su intención de aumentar las compras de productos agrícolas procedentes de Estados Unidos. Sin embargo, comerciantes chinos criticaron públicamente las nuevas medidas y advirtieron que continúan existiendo diferencias significativas entre ambas potencias.
A pesar de los gestos de acercamiento, los avances concretos han sido limitados. La reunión entre Donald Trump y Xi Jinping permitió reactivar canales de diálogo que llevaban meses estancados y abrió la puerta a futuras reducciones arancelarias, pero no produjo acuerdos definitivos sobre los temas que realmente preocupan a ambos gobiernos.

