Entre deuda, impuestos, ayuda internacional y aportes de la diáspora, el gobierno israelí busca cubrir el elevado costo de un conflicto que ya ha transformado su economía.
Israel ha puesto en marcha una compleja estrategia financiera para sostener su guerra contra Hamás. El esfuerzo combina recursos públicos, endeudamiento, incrementos fiscales, ayuda militar de Estados Unidos y donaciones de la diáspora judía. Según estimaciones del Banco de Israel, el costo acumulado de la guerra entre 2023 y 2025 se sitúa ya entre 215.000 y 250.000 millones de shékeles, y podría crecer aún más si el conflicto se intensifica en el norte.
La primera fuente de financiación es el presupuesto estatal. En 2024, el Parlamento aprobó una enmienda que añadió decenas de miles de millones de shékeles para reforzar la defensa y compensar a familias y empresas. Esta medida disparó el déficit y obligó al Ejecutivo a reajustar las cuentas. En 2025, el gobierno adoptó un presupuesto más austero, con recortes y una subida del IVA del 17 % al 18 %, además de un gasto en defensa cercano a los 102.000 millones de shékeles.
El endeudamiento constituye la segunda vía. Israel ha emitido bonos en los mercados locales e internacionales para financiar el aumento del gasto. A ello se suman los llamados “bonos de la diáspora”, un instrumento con larga tradición entre comunidades judías fuera del país. Aunque su volumen es reducido frente a la deuda total, aportan liquidez en momentos críticos y refuerzan el vínculo entre Israel y su diáspora.
La tercera pieza es la ayuda militar de Estados Unidos. En el marco de un acuerdo vigente hasta 2028, Washington se comprometió a transferir 38.000 millones de dólares en diez años. A esto se suman asignaciones extraordinarias desde 2023. Según la BBC y CNN, la Casa Blanca liberó 3.500 millones de dólares en 2024 para compras de armamento, y posteriormente Israel aseguró un paquete cercano a 8.700 millones. De esa cifra, 5.200 millones se destinaron a sistemas de defensa como la Cúpula de Hierro y David’s Sling, además de nuevas tecnologías láser.
En paralelo, el gobierno ha aplicado medidas fiscales adicionales. En 2024 impuso a la banca un gravamen especial de 2.500 millones de shékeles repartidos en dos años. Aunque el sector respondió con programas de alivio para sus clientes, los nuevos impuestos fueron fundamentales para reforzar la recaudación.
El cuarto canal lo conforman las donaciones internacionales. Organizaciones judías, especialmente en Estados Unidos, han recaudado más de 1.400 millones de dólares en campañas desde octubre de 2023. Estos fondos se destinan a asistencia humanitaria, reconstrucción y apoyo comunitario, liberando al Estado de parte de ese gasto y permitiendo que el presupuesto público se concentre en la defensa.
El Banco de Israel ha advertido sobre los riesgos de mantener un gasto bélico tan alto sin una estrategia fiscal creíble. En 2024 la economía se desaceleró y el déficit superó el 7 % del PIB, lo que obligó a una reestructuración del presupuesto en 2025. El banco estima que entre octubre de 2023 y finales de 2024 el gasto directo de la guerra fue de unos 170.000 millones de shékeles, con previsiones aún más altas para este año.


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