Irán enfrenta una de las crisis hídricas más graves del mundo, con expertos advirtiendo que el país se acerca a lo que describen como una “bancarrota del agua”, una situación en la que el consumo supera de forma sostenida la capacidad natural de reposición.
Según reportes de Reuters, The Washington Post y análisis de instituciones ambientales, décadas de sequía, sobreexplotación de acuíferos y mala gestión han llevado los recursos hídricos del país a niveles críticos.
De acuerdo con estudios recientes, los embalses que abastecen a ciudades clave como Teherán se encuentran en niveles alarmantemente bajos, en algunos casos por debajo del 10% de su capacidad, mientras que la caída de las precipitaciones ha agravado la situación.
Expertos señalan que gran parte del problema proviene del uso intensivo de agua en la agricultura, que consume cerca del 90% de los recursos disponibles, combinado con décadas de políticas que incentivaron la sobreexplotación de reservas subterráneas.
Además del impacto ambiental, la crisis ya tiene consecuencias sociales y económicas, incluyendo protestas por escasez de agua, desplazamientos internos y riesgos crecientes para la seguridad alimentaria.
Analistas advierten que, sin reformas profundas en la gestión del agua, Irán podría enfrentar escenarios extremos como racionamiento generalizado, colapso agrícola e incluso la necesidad de reubicar poblaciones enteras en las próximas décadas.

