La guerra en Ucrania ha cambiado la forma en que Taiwán piensa su defensa frente a China. En Taipei, estrategas militares y fabricantes tecnológicos observan con atención cómo Kiev ha utilizado enjambres de drones baratos y embarcaciones no tripuladas para contener a una potencia militar superior.
La conclusión taiwanesa es clara: frente a una potencia militar superior como China, la tecnología asimétrica puede convertirse en el mejor escudo.
El gobierno taiwanés ya está trasladando esa lección al terreno presupuestario. Según Taipei Times, Taipei aprobó un programa de NT$44.200 millones (unos US$1.430 millones) para desarrollar y fabricar drones nacionales hasta 2030, con el objetivo de producir cerca de 100.000 drones, muchos de ellos de uso militar.
La iniciativa forma parte de la llamada “estrategia del puercoespín”, diseñada para hacer que una eventual invasión china resulte demasiado costosa. El concepto prioriza armas pequeñas, móviles y difíciles de destruir: drones FPV, misiles costeros, sistemas marítimos autónomos y guerra electrónica.
La inspiración ucraniana es evidente. Funcionarios taiwaneses estudian especialmente el impacto de los drones navales utilizados por Ucrania contra la flota rusa del Mar Negro, incluyendo plataformas explosivas como los Sea Baby.
Aunque Taiwán no produce una réplica exacta del Sea Baby, sí desarrolla sistemas similares. El más avanzado es el Kuai Chi, un dron marítimo armado diseñado por el Instituto Nacional Chung-Shan de Ciencia y Tecnología, capaz de transportar explosivos y drones suicidas FPV.
La magnitud del rearme empieza a llamar la atención en Washington y Pekín. Taiwán planea adquirir más de 200.000 drones militares y alrededor de 1.000 embarcaciones marítimas no tripuladas durante la próxima década, según estimaciones vinculadas a sus programas de defensa asimétrica.
Además, el presupuesto militar taiwanés para 2025 aumentó cerca de un 8%, hasta alcanzar aproximadamente US$20.200 millones, mientras Taipei estudia elevar el gasto en defensa hasta el 5% del PIB antes de 2030.
La aceleración tiene una lógica estratégica. China intensifica regularmente sus maniobras alrededor de la isla y ha ensayado escenarios de bloqueo naval y desembarco anfibio. En respuesta, Taiwán intenta construir una “muralla inteligente” basada en miles de drones aéreos y marítimos capaces de saturar el estrecho de Taiwán en caso de conflicto.
Washington respalda discretamente esta transformación. Taiwán ya confirmó compras de más de 1.500 drones kamikaze estadounidenses ALTIUS-700M y cientos de drones de vigilancia ALTIUS-600, diseñados específicamente para operaciones de guerra distribuida.
La gran incógnita es si Taipei podrá desarrollar suficiente capacidad industrial antes de una crisis real con China. Ucrania logró convertir la innovación civil en producción militar masiva bajo presión de guerra. Taiwán intenta hacerlo antes de que el conflicto llegue.
La lección que Taipei extrae de Ucrania es simple: en las guerras modernas, miles de drones baratos pueden cambiar el equilibrio de poder más rápido que un portaaviones.

