Sweden mantiene una de las políticas de control de alcohol más estrictas de Europa, un modelo que tiene raíces históricas en problemas de salud pública y consumo excesivo registrados desde el siglo XIX.
Según reportes de Reuters y datos del gobierno sueco, la venta de bebidas alcohólicas de alta graduación está controlada por Systembolaget, una cadena estatal que posee el monopolio sobre gran parte del comercio minorista de alcohol en el país.
De acuerdo con estas informaciones, las bebidas con más de 3,5% de alcohol no pueden venderse libremente en supermercados comunes, y su compra está limitada a horarios específicos y controles de edad estrictos.
El modelo fue diseñado para reducir problemas relacionados con alcoholismo, violencia doméstica, accidentes y costos sanitarios. Autoridades suecas sostienen que las restricciones han contribuido a disminuir el consumo problemático en comparación con otros períodos históricos del país.
Sin embargo, críticos argumentan que el sistema es excesivamente restrictivo y señalan que muchos ciudadanos cruzan fronteras hacia otros países europeos para comprar alcohol más barato y con menos limitaciones.
A pesar de ello, encuestas nacionales muestran que una parte importante de la población sueca continúa apoyando el sistema estatal debido a sus objetivos de salud pública y control social.

