El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, llegó a China el 13 de mayo de 2026 para una visita oficial, la primera en seis años, con un mensaje centrado en la necesidad de “hacer comercio y negocios” entre las dos mayores economías del mundo. El viaje ocurre en medio de una desaceleración económica global, tensiones tecnológicas y presiones sobre las cadenas internacionales de suministro.
La visita representa un cambio significativo en el tono entre Washington y Beijing después de años de confrontación comercial, restricciones tecnológicas y disputas por aranceles. Trump, quien durante su anterior mandato impulsó una guerra comercial contra China, ahora busca proyectarse como un negociador dispuesto a reconstruir la relación económica bilateral.
“Queremos comercio. Queremos negocios justos y fuertes con China”, declaró Trump antes de aterrizar en Beijing. Sus comentarios llegan en un momento en que ambas economías enfrentan señales de menor crecimiento y una caída en el dinamismo del comercio mundial.
Comercio bilateral supera los US$575.000 millones
China continúa siendo uno de los principales socios comerciales de Estados Unidos. Según cifras del Departamento de Comercio estadounidense, el intercambio bilateral de bienes entre ambos países superó los US$575.000 millones en 2025.
Estados Unidos importó productos chinos por más de US$430.000 millones, mientras que las exportaciones estadounidenses hacia China rondaron los US$145.000 millones, impulsadas principalmente por productos agrícolas, energía, maquinaria industrial y semiconductores.
Sin embargo, el déficit comercial estadounidense con China sigue siendo uno de los temas más sensibles en Washington. En 2025, el saldo negativo superó los US$280.000 millones, una cifra que Trump ha utilizado históricamente para defender políticas de comercio “más equilibradas”.
Beijing busca estabilidad económica y nuevas inversiones
La llegada de Trump el 13 de mayo también coincide con un momento complejo para la economía china. El crecimiento del PIB del país se ha desacelerado hacia niveles cercanos al 4,7% anual, por debajo de los registros previos a la pandemia, mientras el sector inmobiliario continúa bajo presión y el consumo interno muestra debilidad.
En paralelo, el gobierno chino intenta recuperar inversión extranjera directa luego de que varias multinacionales trasladaran parte de sus operaciones hacia mercados como Vietnam, India y México.
Analistas consideran que Beijing podría aprovechar la visita para transmitir una señal de estabilidad a inversionistas internacionales y reducir parte de la incertidumbre geopolítica que ha afectado al sector manufacturero y tecnológico.
Persisten diferencias en tecnología y aranceles
A pesar del tono más conciliador, siguen existiendo diferencias profundas entre ambas potencias. Estados Unidos mantiene restricciones sobre exportaciones de tecnología avanzada hacia China, especialmente en inteligencia artificial y fabricación de microchips.
Durante los últimos años, Washington también endureció controles sobre empresas chinas vinculadas a telecomunicaciones y seguridad digital, mientras Beijing aceleró su estrategia de autosuficiencia tecnológica.
Trump no detalló si buscará eliminar aranceles impuestos durante su primera administración, aunque empresarios estadounidenses han pedido reducir costos de importación que continúan afectando a fabricantes y consumidores.

